Aunque muchos pacientes lo siguen buscando por el nombre comercial clásico de Accutane, la molécula activa es la isotretinoína (ácido 13-cis-retinoico), un retinoide oral derivado de la vitamina A. Su relevancia en dermatología radica en que no se limita a secar granos superficiales: ataca a la vez el exceso de grasa, la obstrucción del poro, la inflamación profunda y la colonia bacteriana.
En acnés inflamatorios graves —como el nódulo-quístico, el conglobata o aquellos que dejan cicatrices en hoyuelo en mejillas y espalda— los geles de peróxido de benzoilo y las tandas de doxiciclina suelen dar treguas temporales para luego rebotar. La isotretinoína cambia el panorama al conseguir remisiones duraderas de años en más del 85% de los pacientes que completan el ciclo acumulativo.
Encogimiento de las glándulas sebáceas
Disminuye el tamaño de la glándula hasta un 90% al inducir la muerte celular programada de los sebocitos maduros. La piel pasa de fabricar sebo en exceso a un estado casi mate.
Desobstrucción del canal y control bacteriano
Evita que las células muertas formen tapones de queratina en el poro. Sin ese tapón y sin sebo, la bacteria Cutibacterium acnes se queda sin alimento y deja de multiplicarse.
El fármaco actúa uniéndose a receptores nucleares celulares y modulando la transcripción de genes vinculados a la diferenciación epidérmica. Por eso el poro se vacía desde adentro, se apaga la inflamación de la dermis y la piel se va renovando de manera homogénea.