Antabuse es la denominación comercial histórica del medicamento formulado con disulfiram. En la práctica clínica no es un remedio milagroso que borre el deseo psicológico de beber ni un sedante para calmar la ansiedad: es un fármaco disuasorio de apoyo mutuo que transforma de forma radical el procesamiento metabólico del alcohol en el organismo.
En condiciones fisiológicas normales, el hígado metaboliza el etanol primero en acetaldehído (un compuesto sumamente irritante) y después, mediante la enzima aldehído deshidrogenasa (ALDH), lo convierte rápidamente en acetato no tóxico. Lo que hace el disulfiram es bloquear de forma irreversible esta segunda enzima.
Si la persona tratada bebe aunque sea media copa, el acetaldehído no puede degradarse y se dispara en el torrente sanguíneo a niveles de cinco a diez veces superiores a los normales. En apenas diez minutos aparece la denominada «reacción disulfirámica»: rubor violento, palpitaciones desbocadas, náuseas y sensación de ahogo. Esta respuesta fisiológica fulminante crea una barrera psicológica infranqueable ante la tentación de beber.
Freno conductual inmediato
Saber que cualquier sorbo desencadena una reacción física muy desagradable refuerza la determinación en momentos de debilidad o presión ambiental.
Complemento de un plan integral
La pastilla por sí sola no sustituye la terapia. Da sus mejores frutos cuando se acompaña de seguimiento psicoterapéutico y del arrope de familiares comprometidos.